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Lorca un año después: Los pequeños comercios luchan por sobrevivir

Lorca un año después: Los pequeños comercios luchan por sobrevivir

El pasado 11 de mayo la tierra sacudió bruscamente Lorca, y junto a miles de damnificados zarandeó a un sector ya maltrecho por la crisis económica: los pequeños comercios. Tras los seísmos, un 30% de los comercios lorquinos se vieron afectados, unos 1.200. A día de hoy siguen sin poder abrir sus puertas un 10%, 360 de los afectados. Y los que han abierto se encuentran con dificultades añadidas, tales como tener que hacer frente a un alquiler, en los casos en los que sus locales están inhabilitados todavía. Esto hace que la situación sea insostenible para muchos de ellos, que se mantienen a base de esfuerzo y sacrificio. Así, por ejemplo, Filo, gerente de Mercería Filo dice que “un año después se nota que hay menos comercios, así que los que continuamos estamos intentando sobrevivir”. Además, añade que pese a haber abierto tienen que hacer frente a “un alquiler más alto que el de renta antigua que tenía en el bajo que resultó dañado”.

Estas cifras se agravan si nos vamos al barrio de La Viña, donde un 40% de los comercios no han podido retomar su actividad tras los terremotos. Los comerciantes del barrio además de afrontar todos estos escollos, deben asumir la pérdida de un tercio de su población. Un tercio de los vecinos del barrio no ha podido volver a sus hogares, y se encuentran desplazados e incluso fuera de la cuidad.

Desde la Asamblea de Vecinos de Lorca se reclama un plan dinamizador del comercio, que, alega, no contempla el nuevo Real Decreto para Lorca. “Es una de las deficiencias que trae este Real Decreto”, señala Juan Carlos Segura, su portavoz. También solicitan medidas locales para incentivar el sector como la Galería Comercial que se viene postergando desde que se anunció el pasado octubre.

Historia de un superviviente

En medio de este temporal, si nos adentramos en el barrio, encontramos a modestos comercios que luchan por mantenerse a flote y seguir adelante. “No podemos hacer otra cosa que seguir, quedarse en casa dándole vueltas a la cabeza es peor”, dice Lourdes Ibarra, propietaria de la frutería homónima. Y es que esta humilde familia, no solo perdió su negocio, su proyecto de vida de más de 20 años, sino que su casa -que está en la misma calle- resultó dañada y tuvieron que estar seis meses fuera de ella. “Nos volvimos a casa estando aún en rojo, ya que lo más afectado eran los bajos y vivimos en un segundo”, explica Lourdes. En cambio su bajo aún no ha podido ser rehabilitado. En pleno centro del barrio más afectado, recuerda el momento del fatal seísmo “El terremoto me pilló dentro de la tienda y aquello fue como una bomba” pero “hay que seguir”, relata.

Esto no detuvo a esta familia, ya que alquiló otro local en La Viña y solo ocho días después del terremoto volvieron a abrir la frutería. “La gente estaba muy agradecida de tener algo de normalidad y donde comprar”, cuenta Lourdes. Y así, con un improvisado rótulo, comenzaron a caminar, “El cartel que tiene ahora lo hicimos mis hermanas y yo con cartulinas de colores y rotuladores, lo importante era empezar, comenta su hija, María Marín. La historia de Lourdes encarna a uno de los muchos pequeños comercios que luchan por despertar de la pesadilla que hace hace un se instaló en Lorca.

Natalia Rubio

Periodista. Comunicación y Publicidad. Marketing Online. Community manager. Posicionamiento SEO. Asesora Social Media. Lic.Filosofía. Amo la libertad ,igualdad, justicia, honestidad y valentía.Odio la hipocresía y cobardía. @nataliarubio

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